El Conocido

-Hola ¿como estás? cuanto tiempo sin verte, han pasado años ¿verdad? ¿como está tu familia? no sé nada de vosotros desde no se exactamente que año, cuéntame.

-Pues la verdad es que todo ha ido mal, perdí el empleo y mi mujer también, a consecuencia de lo cual no pudimos pagar la hipoteca y fuimos a la calle, ella se fue con sus padres y se llevó a los niños, yo quedé en la calle y al terminarse el paro he vivido de la caridad, cómo en comedores públicos y la verdad no sé como has podido reconocerme.

-Me ha extrañado verte tan estropeado y con ésas pintas, pero te he reconocido.

-Pues gracias por saludarme no todos hacen lo mismo.

-Sabes, quiero que vengas a casa y te instales hasta que veamos alguna solución, no puedes estar en la calle.

-¿De veras?, ésa es una oferta muy generosa ¿qué dirá tu mujer?.

-Mi mujer murió hace dos años.

-Lo siento, de verdad que lo siento.

-Vamos, ven conmigo, nos apañaremos.

-No sé como agradecértelo.

-Tranquilo habrá alguna forma.

-Gracias.

El Compañero.

-A veces uno puede ponerse triste y no saber exactamente por qué, éso me pasa en estos momentos, por lo que te ruego me disculpes.

No voy a perder el tiempo en analizar las causas de mi tristeza porque pueden ser muchas.

Pero puedo decirte que en ésta vida tengo un consuelo y ése consuelo eres tú.

No sé como agradecerte todo lo que has hecho por mi desde que te conocí, te acuerdas, en aquel lugar tan triste en el que te encontrabas con otros como tu.

Ahora somos dos y no estamos solos y hemos olvidado a los que nos abandonaron.

Hemos lamido nuestras heridas mutuamente, tú las mías y yo las tuyas.

Cuando llego a casa ahí estás tú para recibirme con tu alegría.

Sabes estoy muy orgulloso de ti.

Me gusta hablar contigo y nuestros paseos son estupendos.

Por éso te quiero tanto.

Ahora coge la correa que vamos al parque.