Tristeza.

Escucha, no estés triste, ya, ya sé que tu corazón sufre, que eres sensible ante los dolores ajenos y que la angustia habita tu alma, y que no existen palabras para consolarte ni para despejar ése cielo nublado y oscuro en el que vives.

Pero permíteme que te hable, que te cuente algo real, solamente para que puedas pensar en otras cosas al menos durante unos minutos.

Mira querido, yo sé de un lugar, no demasiado lejano, en dónde habita una familia que vive de lo que cultiva, y el padre está enfermo y no puede salir al campo, tienen dos hijos, uno es un bebé, la madre sólo cuenta con la ayuda de su hijo de siete años.

Éste niño, sabe que debe salir al campo y cultivar la tierra, que es necesario para que su padre, su hermanita, su madre y él mismo puedan comer.

Es un niño ya condenado desde su nacimiento, el azar le ha hecho nacer en ése lugar, su vida poco va a cambiar, y siempre será un exclavo de las circunstancias, nunca podrá estudiar, y su futuro se reduce a trabajo y más trabajo con la única recompensa de poder comer.

Quizás formará una familia, cuyos hijos trabajarán desde la más tierna infancia, verá morir a muchos y éso será lo normal en su aldea.

Trabajar de sol a sol, mal comer, mal dormir, y vuelta a empezar cuando la primera luz aparece por el horizonte

Éstas gentes no pueden permitirse ni el lujo de la tristeza, porque éso sería su muerte.

Querido, no pretendo entristecerte más, pero debes reponerte, no mires hacia arriba, mira a los que apenas pueden sobrevivir.

Te quiero.