El Ermitaño.

-La tormenta me ha sorprendido en ésta montaña y el único lugar de refugio que he encontrado ha sido ésta cueva en la que tú habitas, me dices que huiste del mundo y buscaste el aire puro de las alturas, tus amigos son la aves y los animales de montaña con los que compartes tu vida, pero dime acaso ¿no echas de menos a los humanos?.

-Los humanos están demasiado atados a sus intereses, de verdad te digo que éstos animales con los que comparto la montaña son más amables y desinteresados que los hombres del valle, por éso me vine aqui, en ésta montaña tengo aire puro, comparto los alimentos con los animales y me deleito con la miel que me ofrecen mis hermanas la abejas, créeme en ésta montaña puedo hablar con el Creador porque vivo más cerca del Cielo.

-Pero hermano ¿acaso no te has equivocado de tiempo y lugar?¿acaso no serías más útil en el valle ayudando y enseñando a los necesitados?, pienso que allá en el pueblo se necesitan personas como tú y creo que deberías regresar.

-Todavía no es mi momento, aqui necesito aprender de los animales y de Dios.

-Cuando llegue tu momento te recibiremos con los brazos abiertos ¡hay mucho que hacer!.

-Lo sé hermano.

Puntos de vista.

-No creas que los humanos somos algo especiales, simplemente somos un poco más inteligentes que los demás animales, pero en realidad somos seres limitados como ellos y tenemos nuestras particularidades y nuestras necesidades, pero somos una simple mota de polvo en el inmenso Universo, nuestra existencia o desaparición no influiría en nada, y los astros seguirían su marcha imperturbables hacia ése lugar que sólo podemos alcanzar a imaginar.

-Perdóname, pero yo si no pienso que soy algo más que una mota de polvo en el Universo no podría vivir, necesito pensar que somos seres importantes y que detrás de nosotros hay un ser poderoso que organiza el mundo según leyes divinas en el que nosotros los humanos somos los elegidos.

-Estamos sólos amigo, y debemos darnos calor y compañía unos a otros, por que sólo nos tenemos a nosotros, y ¿quién nos puede conocer mejor que nosotros mismos?, yo no necesito de Dioses para pensar en mis hermanos.

-Yo sí necesito a Dios.

-Pero podemos entendernos ¿no?.

-Creo que sí.

-Éso me tranquiliza.

-A mi también.

Hermano.

-Puede suceder que los problemas entre hermanos sean más difíciles de solucionar que los problemas entre personas que no tienen ningún lazo familiar, pero entre nosotros nunca se presentó un problema que no fuera rápidamente solucionado incluso antes de que se planteara.

Siempre supe que tú estabas ahí, detrás de mi, atento a mis problemas y dispuesto a ayudar, y así lo hiciste en la época oscura en la que la enfermedad invadió todo mi cuerpo y toda mi alma.

Las influencias exteriores nunca minaron nuestra unión, y aunque pasara mucho tiempo sin vernos y sin hablar, cuando nos juntábamos nos reíamos a gusto cada uno con las gracias del otro.

Siempre estuviste ahí, hermano, y sigues estando, para acompañar y para apoyar, yo sé a quién acudir si se presenta algún problema y tú sabes que siempre podrás contar conmigo.

“Tu eres mi hermano del alma, realmente el amigo”, como dice la canción, y éso me da tranquilidad, sabiendo que tú estás los problemas bajan de intensidad y son menos problemas.

Gracias por estar ahí, hermano querido.

La Palmera.

-Amigo vengo del mundo cristiano y me encuentro bajo ésta palmera que nos cubre con su sombra de éste sol abrasador y rodeados por un árido desierto, también nos ofrece sus frutos y nos procura reposo, tu compañía alivia mi soledad y por el momento todo está bien.

-Alá es Grande extranjero y cuida de sus criaturas, él por medio de su Profeta nos dejó el Libro, y en él encontramos las normas para llevar una vida justa, cuidar de los débiles y castigar a los malvados, sus consejos nos ayudan a ser sabios y felices y a gobernarnos con leyes justas.

-Querido amigo, yo vengo del mundo cristiano, pero no soy religioso, mi meta es la libertad y mi pensamiento ha navegado por mares ocultos mostrándome el mundo interior de lo humano, y créeme no podemos atar al espíritu bajo normas rígidas y estrictas escritas hace muchos siglos, el hombre nació para intentar ser libre.

-Amigo, el hombre nunca podrá ser libre y necesitará normas escritas para adaptarse a ellas y cumplirlas, fuera de las normas dadas por Dios el hombre se perderá en caminos oscuros y no encontrará la salida y será infeliz, sin fe en Alá no puede haber vida satisfactoria.

-Qué distinto es nuestro pensamiento y éso que los dos necesitamos la sombra y el alimento de ésta palmera que nos une, y los dos necesitamos de la compañía que nos estamos dando uno al otro, pero créeme las circunstancias y los problemas de los hombres cambian con el tiempo y hay que darles solución adaptada a los tiempos, es por éso que no creo en los libros antiguos por sagrados que sean, aunque reconozco que recogen sabiduría acumulada durante milenios.

-Hermano, a mi el Libro Sagrado y su Profeta me hacen libre.

-Hermano mi libertad trato de alcanzarla día a día con mi pensamiento.

 

 

El Balneario.

-Yo tengo artrosis en las rodillas y en las manos, la espalda la tengo muy mal, estoy tomando medicación para controlar el espesor de la sangre y también para el corazón, claro que ya son muchos los años que tengo, menos mal que afortunadamente todavía puedo venir sólo al balneario.

-Bueno, bueno, no hablemos de medicaciones ni de enfermedades porque yo las tengo casi todas, pero sabe una cosa, como usted dice todavía puedo venirme al balneario yo sola, sin depender de nadie, y éso ya es bastante.

-A mi difunta esposa le gustaba mucho venir a bañarse a éstas aguas que le venían muy bien para su artrosis.

-Pues mire que casualidad a mi difunto esposo también le gustaba mucho éstas aguas y le venían muy bien

-¿Como se llama señora?.

-Aurora, pero por favor no me llame de usted, ¿cuál es su nombre?.

-Yo me llamo Antonio.

-Encantada Antonio.

-Aurora, ¿le importa si compartimos la misma mesa?.

-Me parece muy bien.

Pasaron los días, comían juntos, se bañaban en la piscina juntos, y compartían largos paseos, hablando de ésto, de aquello, de tiempos pasados y presentes y de los hijos.

Y los hijos llegaron, y unos veían mucho peligro en ése hombre y los otros veían mucho peligro en ésa mujer.

-Sabes una cosa Antonio, los hijos no entienden a sus padres, no pueden comprender que nosotros por mayores que seamos también podemos pasarlo bien con nuestros amigos.

-¿Pasarlo bien con nuestros amigos Aurora?, tú para mí eres mucho más que una amiga, me has devuelto a la vida.

-¡No digas éso Antonio! somos demasiado mayores.

-Aurora nunca es tarde para el amor.

-El amor Antonio, ¡qué palabra tan fuerte!.

-¿Acaso es otra cosa lo nuestro?.

-Sí, puede ser amor, pero mis hijos…………..

-¿Qué nos importan nuestros hijos?, ellos ya tienen su vida, acaso nosotros no merecemos vivir.

-Mamá,  tienes que tomar tus pastillas, y nos vamos para casa, despídete de tu amigo y vamos.

-Adiós Antonio, ya ves, no somos dueños de nosotros mismos……

-Te buscaré Aurora, te buscaré.

 

Las Lenguas.

-¡Escúchame!, lo importante es poder comunicarnos, poder entendernos con otro ser humano, la forma o el idioma que utilicemos no tienen tanta importancia como el entendimiento con otros, sean de dónde sean, para mí lo ideal seria que en el mundo sólo existiera un idioma, han sido innumerables las lenguas que en el transcurso de la historia han desaparecido y éso ¿tiene alguna importancia?, ninguna, los idiomas pueden aparecer o desaparecer y nada importante cambia.

-Yo amo mi idioma, porque éste representa y me une a mi pueblo, forma parte de mí, de la historia de mi gente y nos da ésa forma particular de ser.

-Querido amigo, los humanos somos todos semejantes y ¿sabes una cosa?, no considero decentes a los que utilizan una lengua para crear diferencias y divisiones entre los pueblos, porque las diferencias siempre son superficiales y el fondo es el mismo en nuestra especie.

-A mí, me es más fácil amar a mi nación que amar a los humanos en general, porque estoy unido a mis padres y abuelos por lazos que no comparto con otros pueblos.

-Yo entiendo que los lazos que nos unen a nuestros antepasados son fuertes y lo comprendo, pero odio todo fanatismo capaz de inventar y favorecer diferencias con el único fin de medrar e inventar problemas dónde no los hay.

-Yo amo mi idioma.

-Yo amo lo humano.

-Yo quiero a mi tierra.

-Yo quiero a la Tierra en su totalidad.

-Yo soy diferente.

-Yo no soy más que un humano más.

-Yo pertenezco a un pueblo superior.

-Todos los pueblos son semejantes amigo.

-El mio no.

-El tuyo también.

-Yo necesito sentir que pertenezco a un pueblo superior.

-Éso lo explica mejor, sin embargo yo sólo soy un ser humano.

-Te conformas con poco.

-Yo creo que es suficiente.

Las Cartas.

-Querida mía hasta ésta celda me han llegado noticias sobre tí, me alegro de que te vaya bién, aquí todo transcurre despacio, poco a poco, con mucho tiempo, demasiado quizás para pensar, y los pensamientos vuelan caprichosos de acá para allá, saltando años hacia adelante, hacia atrás.

Los recuerdos se amontonan y al tratar de ordenarlos se rebelan y a veces aparecen amenazantes, otras se convierten en amables compañeros en éste cautiverio cónde las noticias llegan a cuentagotas y el mundo y la vida forman parte de otra época y otro tiempo.

He perdido la cuenta del tiempo, he olvidado nombres e imágenes y los pocos que conservo se me hacen lejanos e imposibles.

El hilo que me une al mundo han sido tus cartas y ahora me dices que ya no me volverás a escribir, que estás organizando tu vida y yo ya no tengo sitio en ella, que me olvidarás y que te olvide.

Yo te entiendo, como también entiendo que sin tus cartas me va a ser muy difícil seguir éste camino que el destino me pone ante los ojos.

Adiós amiga mía, la vida continúa y nada tiene que ver con éste lugar de sombras y de rejas y tan lejano en el tiempo y en el espacio de tí y de tus ya casi olvidadas cartas.