El Ermitaño.

-La tormenta me ha sorprendido en ésta montaña y el único lugar de refugio que he encontrado ha sido ésta cueva en la que tú habitas, me dices que huiste del mundo y buscaste el aire puro de las alturas, tus amigos son la aves y los animales de montaña con los que compartes tu vida, pero dime acaso ¿no echas de menos a los humanos?.

-Los humanos están demasiado atados a sus intereses, de verdad te digo que éstos animales con los que comparto la montaña son más amables y desinteresados que los hombres del valle, por éso me vine aqui, en ésta montaña tengo aire puro, comparto los alimentos con los animales y me deleito con la miel que me ofrecen mis hermanas la abejas, créeme en ésta montaña puedo hablar con el Creador porque vivo más cerca del Cielo.

-Pero hermano ¿acaso no te has equivocado de tiempo y lugar?¿acaso no serías más útil en el valle ayudando y enseñando a los necesitados?, pienso que allá en el pueblo se necesitan personas como tú y creo que deberías regresar.

-Todavía no es mi momento, aqui necesito aprender de los animales y de Dios.

-Cuando llegue tu momento te recibiremos con los brazos abiertos ¡hay mucho que hacer!.

-Lo sé hermano.