Vamos, todo está bién, porque aunque desees cambiar el mundo no lo vas a conseguir de la noche a la mañana, y si lo que deseas es cambiar aspectos de tu vida, tampoco lo vas a conseguir al instante.
Todo lleva su tiempo, y a veces nos puede costar toda una vida, modificar aspectos aparentemente sencillos de nuestra existencia.
Y es que no todos los deseos son realizables, o el coste que tienes que pagar resulta demasiado alto y te detienes, piensas, y al final vuelves a tu rutina, porque te dices que lo que tienes lo conoces y embarcarte en ésa aventura puede suponer demasiado riesgo a determinadas edades, y nos quedamos parados y pensativos, con ése sueño que ya pasa a formar parte de nuestros asuntos archivados y pendientes para siempre.
Y miramos a la cara lo que nos rodea, y nos preguntamos ¿qué puedo mejorar? y nuestra respuesta queda en el aire, y suspiramos volviendo a la realidad, nuestra realidad, y saludamos a la vida con un «buenos días vida» y ella, la vida nos responde ¿realmente estás satisfecho con tu decisión?, y quedamos confundidos por momentos, luego poco a poco vamos reaccionando, y vemos claramente nuestras deficiencias, y entonces contestamos a la vida ¿acaso merece la pena el salto? ¿acaso no podría ser peor el remedio que la enfermedad?, luego un oscuro presentimiento nos amenaza y es entonces cuando nos preguntamos ¿realmente soy un cobarde?.
Y una sombra nubla nuestra vista y ante la evidencia agachamos la cabeza, y vemos claramente que ya nunca volveremos a soñar.