-Yo siempre pensé que nunca me sucedería a mí, pero al final he sido víctima y no lo he podido evitar.
Yo creía que éstas cosas sólo le ocurrían a personas débiles que no tenían sus ideas claras, personas suceptibles que soportaban poco las situaciones adversas y sin embargo ahora yo soy víctima de la depresión.
Y creedme algo que yo siempre criticaba era que los deprimidos se quejaban por vicio y que no tenían justificación para su comportamiento.
Yo no puedo decir que me haya ocurrido algo concreto a lo que achacar ésta depresión, quizás sea un cúmulo de circunstancias que han introducido una profunda tristeza en mi espíritu y sólo soy capaz de no moverme, no hay nada que me merezca la pena.
Los que me rodean no saben qué hacer y las frases «tienes que animarte», «no puedes seguir así», «la verdad no te entiendo», se suceden una tras otra.
No puedo moverme, sólo deseo estar dormido y cualquier actividad por mínima que sea se hace algo enorme e imposible para mí.
Todo esto los médicos lo llaman depresión pero yo creo que la palabra depresión no responde a algo tan tremendo como es la tristeza extrema y la falta total de ganas de vivir.
Y pensar que yo menospreciaba a los que decían padecer una depresión.
Y pensar que yo comparaba la depresión con cuento.
Ahora desde dentro de éste padecer y ésta incapacidad de explicar y comentar lo que me pasa veo a los que me miran como cuentista y sufro en mi piel lo que yo hice sufrir en su día a otras víctimas de ésta enorme tristeza.
Soy mala compañía y sólo puedo resistir y tratar de encontrar las causas que me han sumido en éste estado para poder superarlo.
Miro por mi ventana la lluvia caer, lenta, empapando el suelo y mi ventana, ésta ventana por la que espero ver aparecer el sol en un futuro que deseo no sea demasiado lejano.