-Cuando éramos niños veíamos a nuestros abuelos mayores y nos parecía que nunca llegaríamos nosotros a sus edades porque el tiempo lo medíamos de otro modo y porque éramos niños.
Pasó el tiempo y nuestros abuelos ya no están y son nuestros padres los que han ocupado su lugar, ahora los mayores son nuestros padres y nosotros comprendemos ya perfectamente que detrás de ellos nosotros ocuparemos su lugar.
Y nos desesperamos porque nuestros padres eran perfectos y ahora poco a poco van perdiendo su perfección y notamos que nos necesitan y vemos que cada día son más niños que cada día están más indefensos.
Y nos rebelamos y nos preguntamos cómo el hacedor de todo cometió tantos fallos y en ocasiones nos decimos ¿Cómo pudo hacer el mundo tan mal?.
Yo no me lo pregunto porque me da igual si hay o no hay hacedor del mundo me lo bebo como es y trato de sacar fuerzas de dentro de mí porque me va a dar igual creer una cosa u otra.
Veo la mirada inteligente de mi anciano padre y sé que llega lejos muy lejos más allá de dónde le acompaña su deteriorado cuerpo.
Y sólo estoy seguro de una cosa, de que necesito su bendición, no puede haber nada más nefasto para un hombre que la maldición de su padre.
Pero no queda ahí la cosa, la cuestión va más lejos porque un buen padre tiene nuestro amor.
Y el amor mueve el mundo y vive para siempre en el corazón y ya nunca nos abandonará ni siquiera cuando nosotros seamos ancianos y nos acordemos de cuando nuestro padre lo fue y nos comprendió caminando un pasito por delante de nosotros.