-Habíamos conservado nuestra amistad con el paso de los años y solíamos juntarnos los cinco por lo menos una vez al año.
Nuestra vida no fue lo que se dice una balsa de aceite, en nuestra juventud con las luchas políticas y después las luchas de la vida.
En la última reunión los cinco estábamos bien, con más años encima, pero sin contar los achaques normales nuestra salud funcionaba.
Y como siempre charlamos, comimos y bebimos brindando por los viejos tiempos sin faltar algún brindis por los nuevos.
Tuve a mi lado a Jesús y lo encontré como siempre, nada me hizo pensar en algo que saliera de lo habitual.
Sonó el teléfono y después la fatídica noticia, Jesús había aparecido colgado del cuello y sin vida en el jardín de su casa.
Sus problemas se los llevó con él y me hizo pensar si realmente nos preocupábamos unos por los otros aparte de ésa cena anual.
En realidad nos reuníamos por costumbre, pero lo desconocíamos todo unos de otros.