El Huerto

-Escuche madre usted ya no está para plantar el huerto debe olvidarse, no puede jugar con su salud como lo hace, sabe que no es rentable y nosotros en la distancia no podemos atenderlo.

-Si hija, pero entonces ya no podré ofreceros nuestros frutos, esos que no se encuentran en las tiendas, porque son nuestros, nacidos en nuestra tierra, ése trozo de huerto forma parte de nosotros.

Y pasaba el tiempo y cuando llegaba la época de la siembra la madre buscaba simiente y plantaba el huerto, y volvía cansada y decía “Ya no vale con querer” y los hijos vigilantes observaban a la madre y en la distancia la entendían.

¡Oh tierra profunda! no, no eres desagradecida porque quien te siembra obtiene fruto, sólo pides esfuerzo, cariño y agua, tu amigo el Sol se encarga del resto.

Cuanto esfuerzo, cuanto sudor y cuantos frutos has visto tierra, pero eres exigente y vivir de ti es duro, por éso te hemos abandonado. Ahora viene época de escasez y dificultad y nos acordamos de ti, de tus frutos y recordamos nuestros orígenes porque tu sigues ahí, no te has movido y sigues agradeciendo los cuidados y quien te siembra y quien te da de beber obtiene su fruto, eres agradecida.

-Hija yo ya no voy a poder atender el huerto y sabes tan bien como yo que los otros tomates no saben igual, ni las patatas ni los pimientos y cuando yo falte la tierra seguirá ahí ella no se marchará y lo mismo que me dará descanso eterno a mi seguirá produciendo sus frutos para vosotros.

-Calle madre……..

-¿Porqué he de callar? sabes tan bien como yo que es así.

-Calle madre por favor, no es por el huerto y su cuidado por lo que digo que se calle, es porque no piensa en usted es una cabezona.

Todos juntos recogían el fruto del huerto y juntos lo comían y daban gracias.

Cuando llegó el frío invierno la madre murió y la tierra la cobijó y le dio el eterno descanso y ahora cuando llega el tiempo de la siembra los hermanos se dirigen al huerto para encontrar ése fruto que con su olor y sabor les recuerde a la madre.