Terapia Psicoanalitica.

Han pasado muchos años de lucha contra ésta enfermedad que me ha tenido preso, y sigo acudiendo a mi cita en ésa habitación, ésa habitación de libertad.

Los monstruos de la mente se van tranquilizando porque han ido saliendo por la boca, poco a poco año tras año y han sido digeridos y diluidos.

La vida pasa y atrás quedaron los internamientos, las bajas, las enormes historias fantásticas y terribles que se apoderaban de mi mente y sometían mi cuerpo, en ésos momentos y para esas circunstancias estaba Silvia, la enorme Silvia, ella con su habilidad me escuchaba y recetaba el producto adecuado en las dosis adecuadas, y volvía a repetirse la historia, los monstruos, las violencias y todo desembocaba en el mar de la terrible depresión y vuelta a empezar la vida, el trabajo, los amores, las decepciones, los sueños aplazados y la cárcel de la vida rodeandome y tapando mi boca.

Fui fiel y seguí acudiendo a nuestro cuarto, primero en grupo, luego mano a mano entre tú y yo, y hablábamos de todo, libros, políticas, ideas y aquel cuarto fue convirtiéndose en mi universidad, mi pequeña Universidad, no pocas veces tomaba nota de libros y me los leía y poco a poco fui eligiendo los míos, mis libros, los que me interesaban, no en vano aquella habitación era un rincón, el único de libertad para mi y mi mente.

Te prometí que escribiría un libro que fuera capaz de resumir nuestras conversaciones, en éso estoy y quizás antes de morir lo consiga y quizás pueda ayudar a alguien que viva en la misma cárcel o parecida.

Se puede vivir en un campo de concentración de exterminio de forma real o de forma virtual y no por virtual ser menos temible y terrible.

Yo no voy a abandonar el camino emprendido y quizás sólo me acerque a la meta, porque lo bello está en caminar no en llegar.