El Funeral.

Te vi, te abracé y no necesité decir nada porque las palabras sobraban, y nos quedamos en silencio, luego torpemente te pregunté ¿como estás? tú me miraste y guardaste silencio.

Salude a mucha gente, todos conocidos y algunos íntimos, y crucé con ellos los comentarios habituales en éstos casos y mi mirada se desviaba hacia ti, viéndote ahora lejos ahora cerca.

Al final nos sentamos juntos, casi por casualidad, sin buscarlo y nuevamente nuestras miradas se cruzaron en silencio entre el murmullo de los asistentes.

Y pasó el tiempo, y decidiste pasar la noche allí, junto a él, no en vano fue tu marido y mi mejor amigo.

Me contaste muchas cosas, poco a poco, sin pausa, y las horas pasaban como habían pasado los años, detenida tú en mí allí en el fondo y ahora al tenerte tan cerca todo volvía a ser como siempre y todos éstos últimos años desaparecían y volvía a contarte mis cosas, mis sentimientos, como antes, como siempre.

La noche pasó y caminamos juntos al cementerio y allí quedo su cuerpo para siempre.

Luego poco a poco fueron desapareciendo todos los que nos rodeaban y nos quedamos solos.

Todo era demasiado sencillo y a la vez demasiado complicado y lo comprendimos.

Te ofrecí acercarte a casa, pero tenias tu coche que era el de él, nos quedamos en silencio, durante los últimos años no habíamos tenido contacto pero ésos años no estaban, habían desaparecido y me sentía unido a ti.

La heridas cicatrizan con el tiempo, en nuestro caso habían cicatrizado y quizás mañana podríamos continuar nuestra historia pendiente, porque a veces de la vida nos sorprenden las circunstancias que pueden separar o unir.

La muerte es mala aliada y el tiempo pasado ha levantado una pared, cuando encendí mi coche y emprendí el regreso a casa sabia que lo nuestro tuvo un principio y un final y nada ni nadie podría con el tiempo y las circunstancias.