Enrique.

Cómo ha pasado el tiempo, ya ni las costumbres son las mismas, y cuando me transporto a aquel tiempo y aquel lugar veo que ya no existe, que sólo vive en mi recuerdo en nuestro recuerdo.

Cuando a determinada edad cambiamos de ciudad de residencia notamos el cambio y la vida se nos presenta como algo nuevo que tenemos que explorar y descubrir.

San Sebastián año 1968, a mí me gustó mucho la ciudad, sus playas y su equipo de fútbol y los amigos y amigas de nuestra pandilla.

Cuando llegué, no conocía a nadie, y tú amigo que vivias allí en el barrio te presentaste con tu chubasquero y tu paraguas en el frontón dónde yo pasaba el rato peloteando contra la pared.

Aquel año conocí mucha gente y al final terminé en la pandilla que poco a poco se formó.

Mi trabajo en Pasajes, la bella ciudad de Donosti y nuestra pandilla.

Fueron años de juventud que ya sólo quedan en el recuerdo.

Me trasladé de ciudad por motivos de trabajo y allí quedó la pandilla y tu.

Pasó el tiempo, hasta recibir aquella carta que me enviaste y en la que me detallabas cómo estando a punto de casarte (con casa y fecha), te detectaron aquella enfermedad que transformó tu vida.

Aquella esclerosis múltiple fué la culpable de que te abandonara la que iba a ser tu mujer, y poco a poco fuiste perdiendo tu capacidad de caminar.

Viajé a San Sebastián y pasamos unos días juntos, seguias siendo la máquina de contar chistes que siempre fuiste, y escribiste un par de libros.

Nos separamos y yo me sumergí en mi particular noche de los tiempos, y pasaron los años sin noticias el uno del otro, sé que cambiaste de ciudad pero perdí tu pista, ahora recuerdo que fuiste mi primer amigo en San Sebastián.