La Herida

-Van pasando las horas y todo está parado, incluso el aire ha dejado de soplar y el silencio es absoluto, es un silencio que duele y que siembra mi espíritu de inquietud.

Todo parecía indicar que seria un día apacible, un día tranquilo como tantos otros en los que todos nos juntamos, pero a veces nos pasa desapercibido que hemos acumulado malas sensaciones, que poco a poco y día a día hemos ido almacenando ira entre nosotros y de repente nos encontramos que la más mínima chispa hace saltar por los aires nuestros más bajos instintos y aparecen las palabras hirientes y tratamos de causar el mayor dolor posible y nos falta muy poco para llegar a la agresión física.

Ahora que todo parece más tranquilo me vienen a la mente ésos momentos en los que no pude controlar mi agresividad y me duele, me duele haber maltratado a los seres más queridos, pero ahora no hay marcha atrás y sólo puedo esperar.

De repente suena una llamada, al otro lado de la línea está la persona a la que más he maltratado……

-Hola ¿como estás?.

-Te puedes imaginar, estoy muy mal.

-Yo también.

-Siento mi comportamiento, lo siento de verdad.

-Y yo.

-Quisiera pedirte perdón.

-Soy yo quien reconozco mi error y te pide perdón.

-Gracias por llamar, me has devuelto la tranquilidad.

-Yo también me quedo más tranquilo.

-Gracias.

Y ahora comprendo que a las personas que son importantes en nuestra vida hay que tratarlas de forma muy especial, porque si las herimos y las perdemos el dolor que nos producirá nos acompañará quizás para siempre.