El Anciano

No, no te preocupes ya no me quedan batallitas que contar y sin batallitas es difícil encontrar tema de que hablar, porque los viejos somos almacenes de recuerdos que sin orden nos vienen a la memoria y contamos sin parar a quien esté dispuesto a escucharnos. La vejez me ha hecho débil y me ha convertido en un ser indefenso pero no tanto por la edad como por el convencimiento que debemos pensar bien del otro, los años vividos me han transportado a un mundo nuevo, un mundo infantil pero a diferencia de éste somos infantiles porque la inocencia es la mejor defensa.

Hijo yo te tengo a ti y por éso me considero afortunado, te dí lo que pude que no fueron bienes materiales precisamente y ahora recojo la cosecha de verte fuerte sano y bueno con lo que tu compañía es un bálsamo para mí. Pasamos los años de nuestra vida creyendo que la vejez nunca nos alcanzará y al final si sembramos vientos recogeremos tempestades. No me explico la reacción corriente del humano de maltratar al mayor, es como si no se quisiera aceptar que hacia ése deterioro nos encaminamos todos y acortando su existencia consiguiéramos borrar nuestra propia vejez nuestro propio futuro.

Vamos viendo como poco a poco van muriendo los de nuestra generación y cómo nuestra capacidad se va debilitando y al final vamos deseando el descanso porque cada día va resultando más y más difícil de culminar. Es a ésta nuestra edad cuando ponemos más a la vista nuestros defectos, defectos que de jóvenes teníamos la suficiente energía y habilidad para disimular ahora aparecen claros y evidentes ante los demás y generan rechazo ¡OH dios mio! ¿qué podemos esperar? si tenemos bienes desearan poseer los pronto con nuestra desaparición y si no los poseemos la indiferencia será tan grande que nos convertimos en meros estorbos.

Afortunadamente hay excepciones y la familia aunque no esté de moda asume y se preocupa de sus mayores con ejemplos de ternura que poco a poco comienzan a ser excepciones. No es nuevo el ingreso de los abuelos en un hospital para que no estorben las vacaciones y éso ocurre en los países más adelantados y con mejor nivel económico.

Yo acepto mi deterioro y soy lo suficientemente lúcido para saber cuando soy un estorbo pero también soy capaz de ver y sentir el apoyo y la comprensión cuando éstos salen del corazón y por éso éstos últimos días de mi vida son placenteros rodeado de mis hijos y nietos y éso os lo digo a todos ¡no tiene precio! y mi cadáver gozará de un rostro relajado y sereno.