El Drogadicto

Mi vida era confortable y la felicidad lo iluminaba todo cada día cada momento tenia sentido y al final de la jornada estaba ella siempre tan serena, siempre tan acogedora, yo me sentaba a su lado y sin darme cuenta ya estaba contándole mis descubrimientos las experiencias del día, ella escuchaba atentamente como siempre sin prisas sin que se la escapara ni un sólo detalle.

Asi comencé a abrir los ojos a la vida, cada día era una nueva aventura que al final desembocaba en su compañía, su serenidad y su amor daban sentido a todo y poco a poco el sueño me acogía en su seno y con un beso sus manos cubriéndome del frío y sus buenas noches hacían que el descanso llegara dulce y profundo. Pero quizás cuando las cosas van tan bien podemos llegar a sospechar que en algún lugar alguien espera para cobrar su precio y es normal que sintamos miedo y nos digamos ¿qué me sucederá? ¿qué cosa mala me vendrá como pago de tanta felicidad?. Yo todavía era demasiado niño para pensar en pagos por la felicidad, simplemente la vivía y era estupendo pero no sabia que todo tiene su fin.

Cuando aquel día sali del colegio observé unas nubes negras que se acercaban y poco a poco iban cubriéndolo todo, acelere el paso y al llegar a casa había gente, yo no tenia hermanos y mi padre había muerto antes de nacer yo mi familia era mi madre y yo. De entre la gente salió mi tío se agachó y me abrazo y beso. ¿que pasa tío? ¿Y mamá donde está?.

No recuerdo más de aquel día sólo sé que mi mundo entro en la oscuridad. Mi madre había muerto en accidente y yo fui a vivir con mis tíos y primos.

Han pasado veinte años y ahora estoy aquí frente a ti contándote mi vida y en realidad hay poco que contar porque mi vida se divide en dos partes la primera con mi madre y luego toda la demás.

Con cuarenta años te he conocido a ti que también estas sola y que como yo has encontrado refugio en la drogas. Te acuerdas que te pregunté ¿donde podremos ir? ¿ a donde podremos llegar?, pero la soledad era más fuerte y contestaba por nosotros y nos unimos soledad con soledad. Por la noche nos damos calor y sobre todo consumimos nuestras dosis juntos. Amiga estamos enganchados y nuestro verdadero amor no somos tú o yo, nuestro verdadero amor es la droga. Cada día estamos más deteriorados y el futuro no lo vemos ni nos lo planteamos sólo nos acurrucamos contra el otro huyendo del frío del terrible frío de ésta casa desangelada. Tengo miedo amor y sé que tú también y escondemos nuestras cabezas bajo el ala y no vemos nada y tus ojos no me ven cuando has tomado la dosis y los míos tampoco te ven y nuestra locura empieza a hacernos discutir por el dinero y nos insultamos y nos pegamos.

¡Oh amiga! ¿qué podemos hacer? ¿qué futuro nos espera? y tú escondes tú cabeza bajo el ala y te enroscas  a mi lado y yo, yo sólo miro al techo sin ver el techo me inyecto la dosis y me agarro a ti buscando la muerte.