A veces cuando voy caminando por la calles de mi barrio me pregunto ¿qué lugar es éste? de todos los lugares que hay en el mundo ¿porqué estoy aquí precisamente?, y miro los edificios, los cruces y las personas, y todo lo veo como circunstancial, como si me encontrara artificialmente en un cuerpo que utilizo casualmente, y todo sucediera por un determinado espacio de tiempo.
Luego me entretengo con la vida, con los hechos que van sucediendo, con el intercambio con otras personas cercanas o menos cercanas.
Pero de vez en cuando viene la pregunta ¿qué es éste lugar? ¿acaso yo pertenezco a él?, y la sensación es de que se trata de un lugar extraño e incómodo a mi naturaleza, y que pronto éste cuerpo que me transporta y en el que habito se extinguirá, y yo apareceré en otro lugar ¿pero qué lugar?.
Luego vienes tú, y volvemos a estar juntos y todo retorna a lo normal, lo cotidiano, y me cuentas y te cuento hasta que agotados caemos en los brazos del sueño y amanecemos abrazados.
Ahora que no estás, ahora que nunca volverás, yo sé que no descansas en ése cementerio, que has volado a otro lugar y yo me pregunto ¿a qué lugar te has marchado?, y no paro de pensar en ello y cada vez me siento más extraño aquí, en éste sitio perdido y rodeado de calles y de gentes desconocidas.
Ahora no llegas como antes, ni hablamos y nos contamos, ni podemos, para mi desgracia, amanecer abrazados, y debes saber que no encuentro consuelo.
Sólo una seguridad me ayuda a levantarme cada día y recorrer éste extraño lugar, el saber que al final yo también saldré de ésta cárcel y volaré hacia mi libertad.